viernes, 25 de mayo de 2012

Mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia

Reflexiones; Gracia Abundante sobre Abundante Pecado: "Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia." -- Romanos 5: 20.
I. La ley se introdujo para que el pecado abundase: El hombre era un pecador antes que la ley de los Diez Mandamientos se hubiera dado. Era un pecador a través de la ofensa de su primer padre Adán; y era también, en la práctica, un pecador por su propia ofensa personal; pues se rebeló contra la luz de la naturaleza, y la luz interior de su conciencia. El hombre, independientemente de si conocía la ley de Moisés o no, estaba separado de su Dios. Salmos 14:3 Todos se desviaron, a una se han corrompido; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Romanos 3:12 Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. II. La ley fue dada, "para que el pecado abundase." Tal fue el efecto de la ley, porque reveló la ofensa. Los hombres no discernían claramente, en cada instancia, qué era pecado; pero cuando vino la ley, señaló al hombre que este mal que el hombre consideraba poca cosa, era una abominación a los ojos de Dios. La luz ha entrado, y la ofensa abunda. La ley no nos hace pecadores, pero manifiesta nuestra pecaminosidad. Ante la presencia de la norma perfecta, nosotros vemos nuestras deficiencias. La ley de Dios es el espejo en el que el hombre ve las manchas en su rostro. No se puedes lavar uno, en un espejo; pero le impulsa a buscar el agua para lavarse. El propósito de la ley es revelar nuestras muchas ofensas, para que, por medio de eso, seamos alejados de nuestra justicia propia y conducidos al Señor Jesús, en quien tenemos redención por Su sangre y el perdón del pecado. III. La ley hace que la ofensa abunde, causando que el ofensor se quede sin excusa. Antes de que conociera perfectamente la ley, su pecado no era tan premeditado. Mientras sólo conocía los mandamientos de manera tenue, podríamos decir que podía quebrantarlos tenuemente; pero tan pronto conoce con claridad lo que es bueno y lo que es malo, entonces todo pretexto le es arrebatado. El pecado se vuelve sumamente pecaminoso cuando es cometido contra la luz y el conocimiento. Esta viciosa obstinación del pecado está en todos nosotros por naturaleza; pues los designios de la carne son enemistad contra Dios; Romanos 8:7 Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; Y por tanto la ley, aunque en sí misma sea santa y justa y buena, nos provoca al mal. Entonces, ¿Por qué envió Dios la ley? ¿Acaso no es malo que la ofensa abunde? Ciertamente que es malo transgredir la ley, empero, Dios trata con nosotros para que el mal pueda ser curado a tiempo. El pecado debe ser descubierto con prontitud. La ley es la medicina que hace visible la depravación del hombre, hace que él la vea en sus acciones, y aun lo provoca a mostrarla. La ley fuerza al hombre a ver que el pecado habita en él, y que es un tirano poderoso sobre su naturaleza. ¡Gracias demos a Dios cuando la ley obra para despojar al pecador de toda confianza en sí mismo! IV. No puede haber gracia allí donde no hay culpa. No puede haber misericordia allí donde no hay pecado. Si no eres un pecador, Dios no puede tener misericordia de ti. Si nunca has pecado, Dios no puede desplegar contigo la gracia que perdona, pues no hay nada que perdonar. V. No se buscará la gracia donde no se tiene una conciencia de pecado. Ningún hombre recibirá ni aceptará la gracia, mientras no haga una confesión total de pecado y mientras no tenga un abrumador sentido del peso de ese pecado. La sentencia condenatoria de la ley tiene la intención de preparar al transgresor para la absolución del Evangelio. Si uno se condenas a sí mismo y se confiesa culpable ante Dios, el perdón real puede entonces serle extendido. Quien se condena a sí mismo, será perdonado por medio de la preciosa sangre de Jesús, y de la gracia soberana de Dios. Pablo habló del abundante resultado del mal generado por un pecado, en el caso de Adán. Ese primer pecado abundó terriblemente. Pablo afirma en lo relativo a esto: "cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia." Un pecado demolió a toda la humanidad; una falta mortal, el quebrantamiento de una ley clara y fácil, nos hizo pecadores a todos. "Por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores." Romanos 5:19 Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos. El mandamiento que Adán quebrantó era simple, pero involucró desobediencia a la soberanía de Dios. Sólo había un árbol reservado para Dios por la prohibición. Génesis 2:17 "mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás." Adán se atrevió a traspasar los límites de las reservas de Dios, colocándose así sobre su Hacedor. Juzgó sabio hacer aquello que Dios prohibió hacer. VI. Vean las consecuencias de ese pecado en todos lados; el mundo está lleno de ellas. Sin embargo, Pablo dice: "Mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia," y nos da esto como prueba de ello: Romanos 5: 16 "Y con el don no sucede como en el caso de aquel uno que pecó; porque ciertamente el juicio vino a causa de un solo pecado para condenación, pero el don vino a causa de muchas transgresiones para justificación." El Señor Jesús vino al mundo no solamente para quitar el pecado de Adán, sino todos los pecados que han sido cometidos con posterioridad a ese. El segundo Adán ha reparado la ruina desesperada del primero, y mucho más. Por Su muerte en la cruz, nuestro Divino Sustituto ha quitado esa miríada de pecados que han sido cometidos por los hombres desde la primera ofensa en Edén. Isaías 53:5 Mas Él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados Juan 1:29 … He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. VII. ¡Aquí hay infinita gracia para perdonar el pecado inmensurable! Verdaderamente la "transgresión de uno" abundó horriblemente; pero la "obediencia de uno," la obediencia del Hijo de Dios, ha sobreabundado. El Señor Jesucristo ha venido a redimirnos de la maldición del pecado, y Él destruirá el mal del mal. Él liberará aun a este pobre mundo de la servidumbre de la corrupción; y Él creará nuevos cielos y una nueva tierra, donde habitará la justicia. Levantados de la boca del infierno, no somos elevados a las moradas del Edén, sino al trono de Dios. ¡Aleluya!. El Señor no le dijo a Adán: "Tú eres el Hijo de Dios, coheredero con el Unigénito"; pero Él le ha dicho eso a cada creyente redimido por la sangre preciosa de Jesús. 1 Juan 4:9 En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por Él. VIII. Jesucristo nos ha hecho partícipes de la Naturaleza Divina, y en Su propia persona nos ha colocado a la diestra de Dios en los lugares celestiales. En la medida que el dominio del Señor Jesús es más glorioso que el de Adán antes de la caída, la humanidad es ahora más grandiosa y gloriosa que antes de la caída. La gracia ha sobreabundado tanto, que en Jesús hemos ganado más de lo que perdimos en Adán. Nuestro Paraíso Recobrado es mucho más glorioso que nuestro Paraíso Perdido. IX. En Jesús crucificado Jehová es glorificado como nunca antes. Donde el pecado abundó para la deshonra aparente de Dios, la gracia abunda mucho más para la infinita gloria de Su nombre siempre bendito. Pablo describe a los hombres en estos tiempos progresivos, en estos siglos de ciencia, cultura e civilización, de este modo: 2 Timoteo 3:1-5 También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita. X. ¿Acaso alguna otra criatura, con la excepción de los ángeles caídos, se volvió alguna vez tan cruel, tan vil, tan falsa? ¡Miren qué villanos, qué tiranos, qué monstruos ha producido el pecado! Pero ahora vuélvanse al otro lado, y vean lo que la gracia de Dios ha hecho. Bajo la mano que moldea del Espíritu Santo, un hombre que recibe gracia se vuelve la obra más noble de Dios. El hombre que ha nacido de nuevo y es rescatado de la Caída, es capaz ahora de virtudes a las que nunca pudo haber alcanzado antes de haber pecado. Un ser que no ha caído no podría odiar el pecado con la intensidad de aborrecimiento que se encuentra en el corazón renovado. Ahora conocemos por experiencia personal el horror del pecado y ahora hay dentro de nosotros un instintivo estremecimiento ante el pecado. Un ser no caído no podría exhibir paciencia pues no podría sufrir, y la paciencia tiene que hacer su obra perfecta. Santiago 1:4 Mas tenga la paciencia su obra completa, Para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna. XI. ¡Oh Dios, Tu gracia ha hecho del hombre un ser muy noble! Yo no creo que ni los ángeles ni los arcángeles hayan sido capaces de exhibir un carácter completo tan admirable como el que la gracia de Dios ha labrado en los hombres que una vez fueron caídos, que Él, por Su gracia, ha inspirado con vida divina. En el carácter humano, "cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia." XII. No podemos intentar medir los oscuros abismos de dolor que se han abierto en este mundo desde la llegada del pecado. ¿Acaso no es un lugar de lágrimas; un campo de sangre? Sin embargo, por una alquimia maravillosa, por medio de la existencia del pecado, la gracia ha producido un nuevo gozo, sí, más de un nuevo gozo. El gozo calmo y profundo del arrepentimiento debe haber sido algo desconocido para la inocencia perfecta. Esta genuina perla del oriente no se encuentra en los ríos del Edén. Sí, y ese gozo que se encuentra en el cielo en la presencia de los ángeles del Señor en relación a los pecadores que se arrepienten es una cosa nueva, que nació a partir de la Caída. XIII. El pecado abundó cuando el Señor vino a los suyos y los suyos no le recibieron. Pero la reprobación de ellos fue la salvación de las naciones. "Nos volvemos a los gentiles," dijo el apóstol; Hechos 13:46 Entonces Pablo y Bernabé, hablando con denuedo, dijeron: A vosotros a la verdad era necesario que se os hablase primero la palabra de Dios; mas puesto que la desecháis, y no os juzgáis dignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos a los gentiles Y ese fue un bendito giro para ustedes y para mí. ¿Acaso no fue así? Aquellos que fueron invitados a la fiesta no eran dignos, y el padre de familia, enojado, invitó a otras personas. Mateo 22:2-10 El reino de los cielos es semejante a un rey que hizo fiesta de bodas a su hijo; y envió a sus siervos a llamar a los convidados a las bodas; mas éstos no quisieron venir. Volvió a enviar otros siervos, diciendo: Decid a los convidados: He aquí, he preparado mi comida; mis toros y animales engordados han sido muertos, y todo está dispuesto; venid a las bodas. Mas ellos, sin hacer caso, se fueron, uno a su labranza, y otro a sus negocios; 6 y otros, tomando a los siervos, los afrentaron y los mataron. Al oírlo el rey, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y quemó su ciudad. Entonces dijo a sus siervos: Las bodas a la verdad están preparadas; mas los que fueron convidados no eran dignos. Id, pues, a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos halléis. Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron a todos los que hallaron, juntamente malos y buenos; y las bodas fueron llenas de convidados. Un pueblo pobre e iletrado fue escogido por Dios para recibir el Evangelio de Jesús, y ellos fueron por todos lados hablando de un Salvador que ofrecía expiación, de una manera sencilla, hasta que el imperio romano fue cambiado enteramente. La luz y la paz y la verdad vinieron al mundo, desterrando la esclavitud y la tiranía y la lujuria bestial. XIV. La gracia de Dios, si tú crees en el Señor Jesucristo, triunfará sobre la grandeza de tu perversidad. "Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres." Mateo 12:31 Depón tus armas de rebelión; ríndete a discreción; besa la mano traspasada de Jesús que está ahora extendida hacia ti, y en este preciso instante serás perdonado, y retornarás a casa como un hombre perdonado, para comenzar una nueva vida, y para dar testimonio que "cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia." XV. Tú eres una persona cuya educación religiosa te ha hecho consciente de la culpa del pecado; has leído tu Biblia, y has escuchado la predicación verdadera; y aunque nunca has sido un visible pecador descarado, sin embargo tú sabes que tu vida hierve con pecados de omisión y de comisión. Tú sabes que has pecado contra la luz y el conocimiento. ¡Oh, que pudieras ser tan instruido en el remedio, como eres instruido en la enfermedad! ¡Oh, que pudieras tener una visión tan clara de la justicia de Cristo, como la tienes de tu propia justicia! La obra de Cristo es una obra divina, lo suficientemente amplia para cubrir toda tu iniquidad, y para conquistar todo tu pecado. ¡Cree esto! Da gloria a Dios creyéndolo; y de acuerdo con tu fe, que así sea para ti. Romanos 5:6 "Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos." Salmos 107:17-19 Fueron afligidos los insensatos, a causa del camino de su rebelión Y a causa de sus maldades; Su alma abominó todo alimento, Y llegaron hasta las puertas de la muerte. Pero clamaron a Jehová en su angustia, Y los libró de sus aflicciones. Si tú crees en Jesús, a Quien Dios ha establecido para que sea una propiciación por el pecado, entonces estás perdonado. Romanos 3:25 A quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, 1 Juan 2:2 Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo. 1 Juan 4:10 En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Porción de la Escritura leída antes del Sermón: Romanos 5 Resultados de la justificación Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado. Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación. Adán y Cristo Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. Pues antes de la ley, había pecado en el mundo; pero donde no hay ley, no se inculpa de pecado. No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir. Pero el don no fue como la transgresión; porque si por la transgresión de aquel uno murieron los muchos, abundaron mucho más para los muchos la gracia y el don de Dios por la gracia de un hombre, Jesucristo. Y con el don no sucede como en el caso de aquel uno que pecó; porque ciertamente el juicio vino a causa de un solo pecado para condenación, pero el don vino a causa de muchas transgresiones para justificación. Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia. Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos. Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia; para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro.
Resumen de un sermón predicado la mañana del Domingo 4 de Marzo, 1888 por Charles Haddon Spurgeon

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