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lunes, 13 de agosto de 2007

LA ORACIÓN VERDADERA


EL PODER DE LA ORACIÓN:
La ORACIÓN tiene PODER es una expresión que con frecuencia se escucha en las iglesias.
¿Cómo es que LA ORACIÓN tiene ese efecto en el hombre?
Es evidente que: ¡LA ORACIÓN VERDADERA CREA VERDADERO PODER!

"Por eso os digo que todas las cosas por las que oréis y pidáis, creed que ya las habéis recibido, y os serán concedidas." Marcos 11: 24 (Biblia de las Américas)

Este versículo tiene algo que ver con la fe de los milagros; pero yo creo que tiene mucha mayor relación con el milagro de la fe[1]
Cuando un hombre ora realmente, no se trata de si Dios le oirá o no. Dios debe oírle. No porque haya alguna compulsión en la oración, sino porque hay una dulce y bendita compulsión en la promesa. Como es el sublime y verdadero Dios, no puede negarse a Sí mismo. ¡Oh!, pensar en esto: que tú, un hombre insignificante puedas estar aquí y hablar con Dios, y a través de Dios puedas mover todos los mundos. Sin embargo, cuando tu oración es escuchada, la creación no es alterada; aunque las mayores peticiones sean contestadas, la providencia no será desordenada ni un solo instante. Ninguna hoja caerá más pronto del árbol, ninguna estrella detendrá su curso, ninguna gota de agua caerá más lentamente de su fuente, todo continuará siendo igual, y sin embargo, tu oración lo habrá afectado todo. Hablará a los decretos y a los propósitos de Dios mientras están siendo cumplidos diariamente, y todo ellos gritarán a tu oración, y clamarán: "tú eres nuestra hermana; nosotros somos decretos y tú una oración; pero tú misma eres un decreto, tan antiguo, tan seguro, tan viejo como lo somos nosotros." Nuestras oraciones son decretos de Dios en otra forma. Las oraciones del pueblo de Dios no son sino promesas de Dios musitadas por corazones vivos, y esas promesas son los decretos, sólo que puestos en otra forma y figura. No pregunten: "¿cómo pueden mis oraciones afectar los decretos?" No pueden, excepto que en la medida que sus oraciones son decretos, y que conforme brotan, cada oración que es inspirada por el Espíritu Santo a su alma, es tan omnipotente y eterna como ese decreto que dijo: "Sea la luz; y fue la luz;" o como ese decreto que eligió a Su pueblo, y ordenó su redención por la sangre preciosa de Cristo.
Tú tienes poder en la oración, y tú estás hoy entre los ministros más potentes en el universo que Dios ha hecho. Tú tienes poder sobre los ángeles, pues ellos volarán a tu voluntad. Tú tienes poder sobre el fuego, y el agua, y los elementos de la tierra. Tú tienes poder para que tu voz sea escuchada más allá de las estrellas. Donde los truenos se desvanecen en silencio, tu voz despertará los ecos de la eternidad. El oído del propio Dios la escuchará y la mano de Dios mismo cederá a tu voluntad. Él te pide que clames: "Hágase tu voluntad," y tu voluntad será hecha. Cuando tú puedes argumentar Su promesa entonces tu voluntad es Su voluntad. ¿No parece algo sobrecogedor, mis queridos amigos, tener tal poder en las manos de uno como el poder de orar?
Han oído algunas veces historias de hombres que pretendían tener un poder extraño y místico, por el cual podían llamar a los espíritus de los profundos abismos, por el cual provocaban aguaceros torrenciales y detenían el sol. Todo era una invención de la imaginación, pero si fuera verdad, el cristiano es todavía un mayor mago. Basta que tenga fe en Dios, y no habrá nada imposible para él. Será libertado de lo profundo de las aguas, será rescatado de las más penosas aflicciones, en los días de hambre será saciado, será librado de la peste, en medio de la calamidad caminará con paso firme y fuerte, en la guerra siempre será protegido, y en el día de la batalla alzará su cabeza, si cree simplemente en la promesa, y la levanta delante de los ojos de Dios y la argumenta con la convicción de una confianza inconmovible. No hay nada, lo repito, no hay una fuerza tan tremenda, no hay una energía tan maravillosa, como la energía con la que Dios ha dotado a cada hombre, que como Jacob puede luchar, como Israel puede prevalecer con Él en oración
Pero tenemos que tener fe en esto; tenemos que creer que la oración es lo que es, o de lo contrario no es lo que debería ser. A menos que crea que mi oración es eficaz, no lo será, pues dependerá de mí en gran medida. Dios me puede otorgar la misericordia aun cuando no tenga fe; eso dependerá de Su propia gracia soberana, pero Él no ha prometido hacerlo. Pero cuando yo tengo fe, y puedo argumentar la promesa con verdadero deseo, ya no es más una probabilidad si voy a obtener la bendición, o si mi voluntad se verá cumplida. A menos que el Eterno se aparte de Su Palabra, a menos que el juramento que ha dado sea revocado, y Él mismo cese de ser lo que es, "sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho."
Vean, ahora, que Dios sopla el deseo en nuestros corazones, y tan pronto como el deseo está allí, antes de que llamemos, Él comienza a responder. Antes de que las palabras hayan recorrido la mitad de su camino al cielo, mientras todavía están temblorosas sobre los labios (conociendo las palabras que queremos decir) comienza a responderlas, y envía al ángel; el ángel llega y trae la bendición solicitada. Vamos, esto es una revelación, si pueden verla con sus ojos. Algunas personas piensan que las cosas espirituales son sueños, y que estamos hablando de cosas imaginarias. No, yo creo que hay tanta realidad en la oración de un cristiano como la que hay en un relámpago; y la utilidad y excelencia de la oración de un cristiano puede ser tan conocida sensiblemente, como el poder de un relámpago cuando parte un árbol, quiebra sus ramas y lo sacude hasta en su propia raíz. La oración no es una imaginación ni una ficción; es una cosa verdadera y real que ejerce coerción en el universo, atando con grillos a las propias leyes de Dios, y constriñendo al Sublime y Santo a poner atención a la voluntad de su pobre pero favorecida criatura humana.
Pero necesitamos creer en esto siempre. Necesitamos una seguridad en la eficacia de la oración. ¡Necesitamos contar las misericordias antes de que sean otorgadas! ¡Necesitamos estar seguros que van a llegar! ¡Necesitamos actuar como si ya las tuviésemos! Cuando hayan pedido por su pan de cada día, no deben turbarse con afanes, sino que deben creer que Dios los ha oído y se los dará. Cuando hayan presentado el caso de su hijo enfermo delante de Dios, deben creer que el niño se recuperará, y si no fuera así, que entonces será mayor bendición para ustedes y mayor gloria a Dios, y así dejarlo todo en Sus manos. Poder decir: "yo sé que me ha escuchado ahora; sobre la atalaya estaré yo continuamente; buscaré a mi Dios y oiré lo que tenga que decir a mi alma." ¿Te viste frustrado alguna vez, cristiano, habiendo orado en fe y habiendo esperado una respuesta? Yo doy mi propio testimonio aquí, esta mañana, que todavía no he confiado en Él, pero que me fallara. He confiado en el hombre y he sido engañado, pero mi Dios nunca me ha denegado la petición que le he hecho, cuando he apoyado la petición con fe en Su disposición a escucharme, y en la seguridad de Su promesa.


[1] Sermón predicado la mañana del domingo 12 de Agosto de 1860 En Exeter Hall, Strand, de Londres por El Pastor, Charles Haddon Spurgeon.

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